miércoles, 11 de febrero de 2015

Futuro con cuerpo de mujer

Fue un momento breve que cambiaría el día por completo, mi vida entera después. Las luces artificiales se disipaban y allí, en la cafetería donde tantas mañanas tomé café en solitario, donde escribía poemas en servilletas que no salían del lugar, donde un café era sólo un café, allí conocí mi futuro.
Futuro con cuerpo de mujer, una simple camarera dirás, la más bella de las mortales confesaré. Y ese café dio paso a una charla, bandeja en mano y sonrisa angelical, hasta que ya no supe si hablaba o soñaba, si había llegado esa madrugada al bar o había muerto atropellado y ahora en el cielo jugaba a estar vivo.
No hay peligro si sueño o muerto estoy, pensé y entonces, cuando me marchaba sin saber adonde debía ir, la sonreí y me respondió. Ya está, estoy muerto con certeza, pues eso nunca me había pasado con anterioridad, que la más bella de las mortales me regalara tal detalle.
Y entonces lo comprendí todo de repente, cuando los primeros rayos de sol dañaron mi piel y tuve que correr para ocultarme, pues, ¿qué vampiro resiste sus efectos sin ser destruido? Por eso no me tomé aquél café ni ningún otro que me sirvieran. Por eso había una nueva camarera, pues la anterior había muerto entre mis brazos con su sangre en mi boca. Todo encajaba, sin duda, salvo el amor que ahora sentía y que era, no obstante, mi perdición.